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  • Una joven sale de un boliche. Una joven no regresa a su casa.

    Una joven sale de un boliche. Una joven regresa a su casa.

    La lógica más simple se ve contrariada con la realidad, ésa –realidad- que nos duele, nos lastima, nos decepciona.

    Micaela García tenía 21 años y durante la madrugada del sábado primero de abril fue secuestrada a la salida de un complejo bailable ubicado en Gualeguay (Entre Ríos) la búsqueda inició velozmente, por cielo y tierra se intentó dar con el paradero de Micaela. Una semana después se encontró su cuerpo sin vida.

    La cotidianeidad nos separa –muchas veces- de las cosas que realmente importan y por eso dejamos pasar detalles hermosos: la puesta del sol, el sonido de viento rozando contra los árboles de una plaza, la sonrisa de Micaela. Probablemente mañana con algo de atención logremos ver nuevamente el sol y escuchemos el rugir del viento, pero tanto a su familia como a sus amigos ésa sonrisa les fue arrancada para siempre y de una forma violenta.

    Nos duele ver que, como sociedad, lloramos –más veces al año de las que nos gustaría siquiera mencionar- injusticias, corrupción, violaciones, homicidios… femicidios. Lo hacemos con tanta naturalidad que parece un acontecimiento rutinario, algunos dirán –para decepción de otros- inevitable.

    La violencia, el odio y el machismo existen porque conscientemente –o no- los dejamos permanecer (ser) entre nosotros.

    Micaela García murió injustamente por ir a un boliche a divertirse. Por salir sola del mismo no pudo -esa noche- mandar el habitual “llegué” a algún amigo/a, murió por ser mujer en un mundo donde ser hombre muchas veces significa no aceptar un no por respuesta.

    Hoy ella no está entre nosotros. Dejando el faltante de una hija, amiga, vecina, estudiante, joven, en fin de una persona. Para convertirse en un número. Números que a los argentinos nos llenan el corazón de tristeza y los ojos de lágrimas, dígitos que significan que hubieron otras “micaelas” que muy probablemente las hay ahora mismo sin que conozcamos–siquiera- sus nombres, y que habrán muchas más si no asumimos un rol de compromiso, de cambio.

    Micaela no murió por salir, en lugar de estar estudiando en su casa. No murió porque usaba una pollera de animal print esa noche. Seamos críticos y honestos, murió por nuestra culpa.

    Ella murió porque como sociedad no somos capaces de respetar a las mujeres, porque día a día somos testigos o protagonistas de escenas machistas, violentas y misóginas. Porque muchas veces nos falta valor para defendernos/las e incluso otras criticamos a quienes sí lo tienen . Justicia es lo mínimo que debemos darle hoy a todas las “micaelas” que vivieron –y murieron en- ese infierno. Justicia para las familias, para nuestras madres, hermanas e hijas, para todas las mujeres.

     

    Seamos protagonistas de nuestra sociedad y juntos -hoy y mañana- trabajemos para que la misma sea más inclusiva, democrática y promotora de derechos en honor a todas las mujeres víctimas –como supo decir Eduardo Galeano- del miedo del hombre a la mujer sin miedo.

    Escrito el Lunes, 10 Abril 2017 01:28 en Noticias

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